Niños y niñas, abuelitos y abuelitas, papás, mamás y otros familiares y muchos, muchos animales, -de la hormiguita al ternero, el caballo o el halcón- pueblan estas narraciones en las que priman ante todo la bondad, la nobleza, el amor, el respeto por los mayores y la humanidad.
Son historias sencillas, que nacen del corazón y del deseo de transmitir a los más pequeños unos valores muy necesarios en nuestra sociedad. Son, ante todo, cuentos para niños (y adultos) sin miedo, curiosos y solidarios, valientes, integradores y nobles.
Las ilustraciones originales creadas por Marta Cáceres los complementan perfectamente y muestran cómo los cuentos nacidos de la imaginación y el corazón de Valentín toman vida y conmueven a lectores de todas las edades.
EL CARRITO
En aquella plaza había un carrito con asientos y campanillas colgadas del techo que los niños hacían sonar dando vueltas por la Plaza todas las tardes al salir del colegio. Del carrito tiraba un pony al que los niños, por el color de su pelo, llamaban Negrito. Una niña llamada Alicia no había montado nunca en el carrito.
Siendo un bebé, un accidente de tráfico había dejado afectada la movilidad de sus piernas, y su papá no se atrevía a montarla en el carrito por temor a un percance.
Pero aquella tarde los niños le insistieron en que por favor la montase con ellos, que
la protegerían de todo. Emocionado, el papá tomó a Alicia en sus brazos y la sentó con sus amiguitos. ¡El alboroto fue tal, que Negrito volvió la cabeza para ver qué
pasaba! Fueron tales sus relinchos de alegría al ver allí a Alicia que parecía que se
había vuelto loco. Ante tal demostración, el Ayuntamiento cambió el nombre de la
Plaza: quitó la placa donde ponía PLAZA MAYOR y la sustituyó por otra en la que
con letras doradas pone PLAZA DE LA AMISTAD.
Gracias al ejemplo de aquellos niños y de un lindo Pony, ahora hay una Plaza con el
nombre de uno de los más grandes sentimientos: ¡LA AMISTAD!